Paguanta

La cuenca de Tarapacá, fuente de vida y energía para pueblos originarios y comunidades agropecuarias, se encontró amenazada por tres años por la posible instalación de la empresa minera Paguanta, de capitales australianos.

Sin embargo, el movimiento socioambiental articulado entre pueblos indígenas unidos de la cuenca de Tarapacá, del ADI Jiwasa Oraje y pueblos hermanos de otras cuencas,lograron frenar el proyecto extractivo que pretendía secar las cuencas, dejando a miles sin su fuente laboral.

Las organizaciones sociales fueron capaces de demostrar que la empresa violaba muchos derechos consutitucionales de los pueblos al pretender instalarse en el territorio sagrado de Tarapacá. Uno de los principales puntos con los que se articuló la resistencia fue la nula consultividad que tuvo la empresa con las comunidades, respecto a que fueran ellas mismas quienes decidieran si querían minería en su tierra. El Estudio de Impacto Ambiental no consideró una consulta de forma abierta y transparente, con todas las comunidades directamente afectadas: Achacagua, Sibaya, Limaxiña, Huaviña, Mocha, Chusmiza-Usmagama, Poroma, Coscaya, Laonzana, Pachica, Casablanca, Uskuma, Tarapacà, Huarasiña, Chiapa, Illalla, Jaiña, Sotoca, Sipiza, Huasquiña y Miñi Miñi.

A inicios del año 2014, luego de todo el proceso, la Comisión de Evaluación Ambiental de la región de Tarapacá, ha resuelto rechazar el EIA presentado por la empresa minera Paguanta S.A. al SEIA, por la serie de inconformidades detectadas en múltiples puntos de consideración.

Las comunidades, luego de saber que se había rechazado, concluían una declaración conjunta, donde destacaban:

“Los hijos de los pueblos indígenas unidos de la cuenca de Tarapacá, del ADI Jiwasa Oraje y pueblos hermanos de otras cuencas, unidos en una voz para proteger nuestro territorio ancestral y común, vemos así refrendada nuestra constante oposición a dicho proyecto, por haber sido marginados y mal considerados en su formulación y posterior evaluación.

Las gracias a todos/as y cada uno/a que puso su adobe, para construir este muro que ningún sismo derribará, porque está hecho de la tierra que nos vio nacer, reforzado por el agua que nos da vida y templado por el sol que nos da fuerza para seguir luchando por nuestro futuro.

Pueblos Aymara, Quechua y demás hijos de la tierra, del agua y del sol del norte grande, aún tenemos futuro para desarrollarnos según nuestra voluntad. El estado chileno, al menos esta vez, ha escuchado nuestra voz y visto que nuestra existencia no puede ser puesta en la misma balanza que las iniciativas que nos ignoran y benefician a unos pocos”.